La tarde del día ocho llegó lentamente, como casi todo en aquel lugar.
El edificio parecía tener una manera particular de estirar el tiempo. Las horas no transcurrían con la naturalidad del mundo exterior; en cambio, cada cambio de luz, cada aparición de comida, cada visita de Damián se convertía en una marca clara en la mente de Erika.
Pequeños puntos que separaban el día en segmentos.
Después de la conversación de la mañana, Damián se había marchado.
Sin anuncios dramáticos.
Sin promesas clar