La puerta se cerró con un sonido limpio, casi elegante.
Ese fue el primer detalle que Erika registró cuando quedó completamente sola.
No hubo portazos, ni pasos acelerados alejándose por el pasillo. Solo el clic exacto del mecanismo encajando, sellando el espacio con una precisión que le erizó la piel. La habitación volvió a sumirse en un silencio artificial, amortiguado, como si incluso el aire estuviera diseñado para no perturbar.
Erika permaneció de pie unos segundos, inmóvil, tratando de en