La noche terminó de cerrarse cuando el primer misil cruzó el cielo sin ser visto, desplazándose a una velocidad que anulaba cualquier posibilidad de intuición humana. No hubo tiempo para presentimientos, solo para sistemas que reaccionaron en milésimas de segundo y para hombres entrenados que comprendieron de inmediato que aquello no era una advertencia, sino una ejecución fallida.
En la mansión Miller, el impacto se sintió antes de escucharse. El suelo vibró como si algo colosal hubiera desper