La sensación no la abandonó en todo el día.
Erika intentó convencerse de que era simple sugestión, el resultado de demasiadas emociones acumuladas, de noches mal dormidas y de un silencio montañoso que amplificaba cualquier pensamiento. Sin embargo, aun mientras caminaba junto a su padre por los senderos cercanos a la cabaña, ese peso leve pero persistente se mantenía anclado a su pecho, como una presencia invisible que respiraba al mismo ritmo que ella.
Lucca avanzaba a su lado con paso relaja