**ÚRSULA**
Mi primera reacción fue detenerme, como si el tiempo mismo se congelara. Hubo un instante, apenas un suspiro entre el bullicio universitario, en que sentí que el corazón me daba un vuelco. Allí, firme y con el rostro de piedra, estaba mi padre. Diego Meyer. El hombre al que una vez quise parecerme. El que forjó su nombre como acero, y al que jamás creí enfrentar sin titubear.
Pero no. No me iba a acobardar. No en esta ocasión. Respiré hondo, cuadré los hombros y caminé hacia él con p