**ÚRSULA**
Klaus no estaba mucho. No es que me molestara del todo —aunque a veces su ausencia me pesaba en las noches—. Él decía que la empresa demandaba su atención, que no podía descuidarla ahora que tenía un apellido más que proteger: el mío. Me hablaba de accionistas, de negociaciones delicadas, de inversiones a futuro… y yo asentía, comprendiendo que ese mundo no me pertenecía, pero que, de algún modo, él lo controlaba por los dos.
Mientras tanto, la casa comenzaba a respirar a mi ritmo.
É