Leila y Frederic vieron la imponente camioneta de los De las Casas alejarse por la avenida, perdiéndose bajo las luces de la ciudad. Ella lo miró fijamente, con los ojos empañados por una mezcla de rabia y desengaño, y preguntó:
—… ¿Es cierto?
Frederic entrecerró los ojos, fingiendo no entender la gravedad de la pregunta. Ella, conteniendo el llanto, concluyó:
—Cuando andabas con Miranda y conmigo, diciéndome que solamente compartían el departamento porque lo habían pagado juntos para ahorrar,