David entró a la que fuera su habitación. Miranda dormía profundamente. Se acercó hasta la cama, la vio dormir y tocó suavemente su hombro. Ella, con la voz pastosa, preguntó qué pasaba afuera; aún estaban las lámparas encendidas. Él besó su frente y anunció que tenía que salir a revisar unos pendientes; aseguró que Héctor llegaría con el desayuno. Ella asintió, algo seria, y le pidió que le ayudara a sentarse. Al encender la lámpara, fijó su mirada en los ojos hinchados y ojerosos del presiden