Las puertas de entrada a los quirófanos dieron paso a un equipo de doctores con el tiempo en contra y cada segundo vital. En la sala de espera, una enfermera salió por aquella puerta e informó que empezó la operación. David apretó los puños sintiendo que habían pasado horas y, al mirar el reloj, comprendió que pasaron quince minutos. Sonrió torpemente. La enfermera entregó a David el largo cabello de Miranda en una trenza. Él lo tomó con las manos temblando y se aferró a él y a la esperanza de