Mientras de un lado del planeta el tiempo parecía volar y el límite de las diez horas para que Nahomi despertara se acercaba, para David, después de firmar la autorización del procedimiento quirúrgico, el tiempo pareció congelarse. Un minuto se extendía en una dolorosa agonía que parecía una hora.
Héctor y Rosalín llegaron para apoyar. Él los miró con los ojos rojos y habló con su voz rota:
—Quiero que los dos se encarguen de la refacción de la planta baja de la mansión, que cambien todo. Con e