CAPÍTULO 71
MONSERRAT
Llego al restaurante un poco antes de la hora pactada. Es un lugar nuevo, pequeño y acogedor, con luces cálidas que iluminan las mesas de madera clara. El aroma de especias y pan recién horneado me envuelve apenas cruzo la puerta. El mozo me conduce hasta una mesa reservada en un rincón, perfecta para una conversación tranquila, lejos del bullicio del centro.
—Una copa de vino blanco, por favor —le pido mientras dejo mi bolso sobre la silla vacía.
Me siento, y el primer sorbo me ayuda a soltar la tensión que cargo desde la mañana. Estos miércoles de mujeres son casi un refugio para mí. Un espacio donde no soy directora, ni heredera, ni esposa. Solo soy Monserrat.
Al poco tiempo, veo entrar a Claudia y Elena juntas, riendo como si hubieran compartido un secreto camino al restaurante. Apenas me ven, corren hacia mí y nos abrazamos como si hubiera pasado una eternidad desde la última vez que nos vimos, aunque fue hace apenas unas semanas, en mi boda.
—¡Al fin! —ex