CAPÍTULO 72
JULIAN
Estoy solo en mi departamento del piso 47. La ciudad se expande bajo mis pies como un tablero luminoso, pero nada de esas luces logra calmar el ruido de mi cabeza. Hace años que vivo así: en soledad, saltando de relación en relación sin permitir que nada me ate. Lo llamo libertad, pero en realidad es vacío. Una felicidad efímera que se escurre como arena entre los dedos.
Hace tanto tiempo que no hablo con mis padres que a veces me pregunto si todavía me reconocen como hijo.