CAPÍTULO 72
JULIAN
Estoy solo en mi departamento del piso 47. La ciudad se expande bajo mis pies como un tablero luminoso, pero nada de esas luces logra calmar el ruido de mi cabeza. Hace años que vivo así: en soledad, saltando de relación en relación sin permitir que nada me ate. Lo llamo libertad, pero en realidad es vacío. Una felicidad efímera que se escurre como arena entre los dedos.
Hace tanto tiempo que no hablo con mis padres que a veces me pregunto si todavía me reconocen como hijo. La última discusión con ellos fue brutal, tanto que decidí cortar todo contacto. Solo me queda Facundo, mi hermano. De vez en cuando hablamos por teléfono, y cuando tengo la suerte de ver a mis sobrinos, siento que no todo está perdido. Ellos son adorables, llenos de esa pureza que a mí me falta. Pero los veo poco, casi nada. Por querer borrar a Monserrat a la fuerza de mi vida terminé borrando a todos, incluso a los míos.
El silencio me pesa. Pienso en llamar a alguien, pero no tengo a nadie de