CAPÍTULO 149
MONSERRAT
Cuando regreso a casa, el sonido de mis tacones resuena en el pasillo silencioso. Dejo las llaves sobre la consola y me quedo quieta unos segundos. No puedo negar que el día fue largo. Todo el mundo en la oficina hablaba de lo mismo. Las miradas, los comentarios a media voz, los silencios incómodos cuando yo entraba a una sala.
Ya no hay forma de ocultarlo. Todos se dieron cuenta.
Respiro hondo antes de abrir la puerta del living. Mi abuela está sentada en su sillón favo