CAPÍTULO 142
MONSERRAT
Estoy bajando al estacionamiento con la tarjeta en la mano; tomo el ascensor para que me lleve tres pisos por debajo del mundo de papeles y reuniones, y en el silencio húmedo del subsuelo mi corazón late de otra manera. Julian me espera junto a su coche, como todos estos días. Ya me estoy acostumbrando a esa visión: su espalda apoyada en el capó, la chaqueta echada hacia atrás, esa calma que parece no perturbarse por el ruido de la ciudad. Me da un poco de pudor, y un ali