CAPÍTULO 137
JULIAN
Los motores virtuales rugen en la sala de simuladores. Estoy con todo mi equipo y también con el de Santiago. La concentración es máxima: pantallas encendidas, datos en tiempo real, gráficos que marcan tiempos y comparaciones. Todo vibra con ese pulso de adrenalina que solo el automovilismo puede dar, incluso en una práctica digital.
Estoy anotando observaciones en una tableta cuando la puerta se abre. Entro en alerta inmediata. La figura que aparece me resulta inconfundibl