CAPÍTULO 132
MONSERRAT
No logré dormir.
El reloj marcaba las tres, las cuatro, las cinco de la mañana, y yo seguía despierta, con los ojos clavados en el techo, sintiendo todavía en mi piel las caricias de Julián. Me sentía feliz, completa… pero al mismo tiempo tan confusa y con una culpa que no me dejaba en paz.
No podía dejar de mirar mi mano. La alianza brillaba bajo la tenue luz que se filtraba por la ventana. Me la quité varias veces durante la noche, jugueteando con el aro frío entre los