Varios minutos habían pasado, y aunque Naia deseaba saltar sobre el cuello de Curtis e incluso volcar el auto para terminar todo de una vez, aún debían alejarse más y más, tanto que le fuera posible regresar a buscar a Leo.
Apretaba el bulto de tela contra su pecho como si a través de aquella acción le pudiese dar esa calidez a su hijo. Las lágrimas nunca dejaron de salir, pero ella ya no se molestó en limpiarlas. Sentía que era una mala madre por dejar a Leo, pero por lo menos la única satisfa