— ¡Estamos cerca! —afirmó el copiloto del helicóptero.
—No logro entender muy bien qué es lo que está sucediendo, pero debe confiar en que la encontraremos —afirmó George al ver la angustia que se traslucía en la mirada azulada.
Matthew no respondió. Su corazón se sentía angustiado por lo que estuviera sucediendo con Naia y Leo, pero su cerebro no dejaba de dar vueltas a un imposible que justo en este instante se estaba convirtiendo en una gran posibilidad.
—Estamos sobrevolando el área que mar