Su grito de sorpresa , se ahogó contra la boca de Marco, quien la besó como si se estuviera acabando el mundo.
Luchaba por librarse de su agarre, con uñas y dientes, pero él no la soltaba.
—Fiera.— Murmuró Marco, divertido.
—¡Violador!—chilló ella, colérica.
Marco soltó una risita.
—No te estoy violando, cara. Solo estoy intentando ayudarte a entrar en razón.
Eso la paralizó. Estaba comenzando a sudar frío.
¿Estaba alucinando? Tenía que estarlo.
Marco no podía haber sonado exactamente i