Se paró de la cama de un salto, envolviéndose en la sábana y enfrentando a Marco con perplejidad.
—Marco, ¿qué…?—se ahogó en sus propias palabras.—¿qué haces aquí? ¡¿Que hago yo aquí?!
—Pasamos la noche juntos, cara.
Ella dio un paso atrás, como si él la hubiera golpeado.
¡No!
¡No podía ser!
—¡¿Tú?! No... ¡No puedes ser tú…!
Dos meses antes, Hotel Carlton, New York:
—Las manos contra el espejo.— le ordenó y ella obedeció intrigada.
—Me gusta tu piel.— comentó él, mientras acariciaba su