Seis meses después de cancelar la boda, Lucía dejó de contar el tiempo desde el día en que descubrió la traición.
Al principio lo había hecho sin darse cuenta.
Una semana.
Diecisiete días.
Un mes.
Dos meses desde la última vez que durmió junto a Gabriel.
Tres meses desde la fecha en que debió ponerse un vestido blanco y caminar hacia él frente a más de cien invitados.
Durante semanas cada fecha parecía tener un significado. El calendario se convirtió en una especie de campo minado lleno de aniv