Durante varios segundos, Isa fue incapaz de respirar.
La pantalla frente a ella seguía mostrando aquella imagen imposible: Valeria erguida en el vestíbulo central de la estación… y, a su lado, una mujer con su mismo rostro.
No era un parecido superficial.
No era una coincidencia genética vaga.
Era ella.
Misma estructura facial. Mismos ojos oscuros. Misma boca. Mismo modo de inclinar la cabeza.
Como si estuviera mirándose en un espejo vivo.
El silencio dentro del vehículo blindado se volvió inso