Alexander
Ella salió de la sala con el mismo paso firme con el que había entrado, pero yo vi el temblor en su mandíbula. Lo noté. El modo en que apretaba los labios para no decir lo que en verdad pensaba. Para no darme el gusto de una reacción.
Mia no era como las demás.
Y eso empezaba a convertirse en un problema.
—Señor Mercier —dijo Claire, mi asistente, asomándose con su tablet en mano—. Tiene la cena con los inversores suizos esta noche. ¿Desea llevar acompañante?
—Sí. Mia Donovan.
Claire p