Mia
Es extraño cómo la distancia puede sentirse más pesada que la proximidad. A medida que me acerco a la terraza, el aire fresco de la noche acaricia mi piel, pero la presión en mi pecho no desaparece. Mi corazón late descontrolado, cada paso me acerca más a un encuentro que, de alguna manera, cambia todo lo que creía saber de mí misma y de Alexander.
La puerta se abre ante mí, y al entrar, la vista de la ciudad de noche me deja sin aliento. Las luces titilan como pequeñas estrellas atrapadas