DAMIAN
El toque a la puerta interrumpió mi apretada agenda. Fruncí el ceño y levanté la vista del portátil por primera vez desde que había regresado de la oficina.
—Adelante —espeté cuando volvieron a tocar.
Fue entonces cuando entró Kai. Fruncí el ceño, preguntándome qué demonios hacía allí; lo había relevado de sus funciones como mi entrenador personal y ahora era el entrenador de Seraphina y su guardaespaldas encubierto.
—Buenas noches, jefe —saludó, pero me limité a mirarlo fijamente.
—Ocur