SERA
Lo miré a la cara e inmediatamente tragué saliva. Sus ojos brillaban como el fuego y la forma en que me miraba desde arriba... no sabría cómo explicar lo que sentí en ese instante.
—Lo siento... —empecé a decir, pero me interrumpió.
—No lo hagas —dijo con voz ronca y lo miré.
—¿Eh?
—Ahorrate las disculpas innecesarias, Seraphina —soltó con frialdad y agaché la cabeza—. ¿Qué haces en mi oficina? —preguntó, para luego mirar a Christy, quien había aparecido hacía unos segundos—. No viniste a