SERA
Un minuto estaba admirando mi auto nuevo y, al siguiente, mi nuevo chófer yacía sobre un charco de su propia sangre. Pasó rápido, tan rápido que ni siquiera pude ver la matrícula del vehículo ni la cara del sujeto que le disparó.
Matteo me sacó del auto con delicadeza y, pocos minutos después, ya íbamos de camino a casa, dejando atrás al chófer muerto como si su vida no hubiera importado nada. Miré a Matteo y él lanzó un profundo suspiro.
—Lo recogerán —dijo con total indiferencia, como si