Por su parte, Alina prefirió ahogar su frustración en una agenda sumamente ajetreada. Apenas se sintió con la fuerza física suficiente, tomó las llaves del auto y manejó directo hasta la imponente mansión en Valle Sur. Había dejado todo pagado para el sepelio de su fallecida compañera un par de días atrás, así que recogió a Kato y a los demás para trasladarse juntos al cementerio municipal.
El cielo seguía nublado, amenazando con más lluvia. Alina se cerró el abrigo de lana para protegerse del