Oliver levantó la mirada para observarla.
—Ven acá.
La chica se acercó y se dejó caer en el sillón. Él levantó una mano para acariciarle el suave cabello.
Sacudió la cabeza, mostrando enfado.
—¡No soy un perro!
Se rio por lo bajo.
—Eres una leoncita.
—¿Cuál leona?
El joven sacudió la cabeza sin darle explicaciones.
—¿Conoces a Sami Santori? El heredero de los Santori de esta ciudad.
El tema parecía salir del área de especialidad de Oliver, quien arrugó la frente y volteó a ver a su asistente. T