Dos años atrás, en aquella noche cargada de presagios en Estados Unidos, ya habían estado así de cerca. Tan cerca que ella, protegida por su propia máscara, incluso les había dedicado una pequeña sonrisa al alzar su copa.
Las lágrimas se le escaparon sin previo aviso. Le aterraba siquiera pensarlo: ella, una asesina a sueldo, había cruzado miradas con Oliver. ¿Cómo podía vivir bajo el mismo techo que él con la conciencia tranquila?
El golpe seco de la copa bastó para que Oliver reaccionara:
—Al