Mientras tanto, Alina regresó al salón. Vicco se acercó de inmediato.
—Alina, ¿dónde te metiste?
La joven arrugó la frente. No tenía ninguna confianza con él, le bastaba con que la llamara señorita Quiroga.
—Fui al baño. ¿Se te ofrece algo?
El heredero de los Santori sonrió.
—Nada en especial, solo quería presentarte a unos amigos.
De pronto, ella sintió un escalofrío en la espalda. Al darse la vuelta, descubrió a un sujeto de pie en un rincón que la miraba de forma muy dura. Suspiró con resign