La acusada no decía nada, simplemente se limitaba a observar a su hermana con una expresión burlona.
El llanto de Lia sonaba lleno de sinceridad.
—No me importa lo que pienses de mí, Ali. ¡No voy a permitir que arruines tu vida de esta manera! Somos hermanas y me duele verte tomar el mal camino. No dejaré que nadie más te lastime, por más que me hayas golpeado e insultado para defender a unos desconocidos.
Al escuchar eso, los invitados se escandalizaron todavía más. La pobre niña intentaba hac