Alina se quedó pensativa un momento y después dijo:
—No estoy molesta.
Tito mostró una gran sonrisa.
—¡Qué alivio! ¡El jefe adora el pescado al ajillo del restaurante El Mirador! ¡Tómelo en cuenta, señorita!
Tras decir eso, el asistente salió corriendo hacia el elevador, sin darle la más mínima oportunidad de replicar. Se quedó sin palabras.
“Si lo pienso bien, anoche me puse histérica sin razón y por eso se enojó. Comprarle ese pescado para contentarlo es lo justo...”
Con esa idea en mente, re