Lia bajó las escaleras del brazo de Vicco, y Mariza fingió molestarse.
—¡Llegaron sin saludar a los mayores, qué falta de educación!
Lia se arrimó a ella con una sonrisa encantadora.
—Mami, ya sé, perdóname.
La señora Santori rio con buena cara.
—Ay, no hace falta, si ya son de la familia, ¿para qué tantos protocolos?
Vicco también intervino.
—Señora Mariza, no la regañe, fui yo quien la llevó a dar la vuelta.
—Está bien, está bien, ya no digo nada —rio Mariza—. Con tantos que la defienden, ¿có