La cena de gala empezaba en menos de media hora y Alina no tenía nada que ponerse.
Sentada en el sofá, dándole vueltas al problema, pensó en colarse al cuarto de Cindy a ver qué encontraba, pero ponerse algo ajeno era demasiado humillante.
Seguía dándole vueltas al asunto cuando el abuelo asomó la cabeza y la llamó:
—Alina, niña, ven.
Ella se levantó y fue hacia él.
—¿Qué pasó, abuelo?
—¿Qué te pasa a ti? Tienes carita de tristeza. Además, ya tienes varios días sin venir a visitar a tu abuelo.