Capítulo 171 ¡Mándenla bien lejos!

Mariza seguía con su llanto y su escándalo sin parar; sabía que bastaba con que don Abel dijera una palabra para que Alina dejara de insistir.

Abel suspiró de resignación, atrajo a Alina hacia él y le dijo:

—Mija, tu abuelo te cede sus acciones, pero dejemos este asunto por la paz. Si de veras los Quiroga llegamos a tener a alguien que estuvo en la cárcel, tampoco es algo de qué presumir; ni yo sabría dónde esconder la cara.

—¡Papá! ¿Cómo le vas a dar las acciones a ella?

En cuanto oyó la p
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