—Entonces… ¿en serio mi madre deshonró a la familia Quiroga?
El abuelo dejó escapar un suspiro. Esa noche ya había suspirado un sinnúmero de veces. Pasó un largo rato antes de que volviera a hablar.
—Al final de cuentas, ella es tu madre.
Abel sacó también de la caja fuerte un collar. La piedra, de un material que no supo identificar, estaba tallada en forma de trébol de cuatro hojas, y en el reverso llevaba grabada una P. Le tendió el collar.
—Es lo único que te dejó tu madre. Quería dárte