Oliver iba sentado en la parte trasera del auto. Tito sentía que el ambiente en el interior se había vuelto tenso y asfixiante. Apenas hace un par de días, la señorita Quiroga se llevaba de maravilla con su jefe. No entendía por qué hoy habían terminado discutiendo.
Oliver se masajeó el puente de la nariz. Recordó la frase que Alina había repetido más de una vez: "no tiene por qué preocuparse, señor Parker". Sin saber por qué, le vino a la mente el momento en que, a través de la pantalla, Noe l