En menos de cinco minutos, Oliver volvió a abrir la puerta de la habitación y salió. Ya se había puesto ropa cómoda de casa, tenía el cabello bien peinado y lucía una apariencia fresca y renovada.
Por su parte, Alina seguía de pie en el mismo lugar con expresión despistada. Trataba de entender cómo diablos había terminado ahí.
Él la ignoró por completo, pasó por su lado y se dirigió al comedor para desayunar.
Al ver esa actitud, la joven se preguntó si aquel sujeto planeaba fingir de nuevo que