Capítulo 27 ¿Para qué dos celulares?

Oliver la apartó de un empujón, agarró el cuchillo de frutas y regresó a su cuarto sin mirar atrás. La puerta retumbó al cerrarse.

Alina, que no podía sostenerse sola, cayó sentada al suelo. No entendía nada: ¿por qué Edgar tampoco la quería?

Ahí se quedó, en el piso, derramando lágrimas sin poder hacer nada.

Oliver entró a su habitación, aventó el cuchillo a un lado y se dejó caer en la cama.

Recordando las cosas sin sentido que acababa de decirle Alina, empezó a dudar: ¿de verdad era la misma
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