El vuelo de regreso desde la Base Aérea de Bagram hasta la terminal privada de la Agencia en Nueva Jersey fue un descenso lento hacia el purgatorio. Quince horas de zumbido monótono de los motores del C-17 Globemaster, un sonido que se incrustaba en el cráneo como un taladro. El interior del avión estaba sumergido en una penumbra azulada, solo interrumpida por las luces rojas de emergencia.
En las camisillas de lona, el equipo de Nick parecía un grupo de fantasmas. Kael limpiaba obsesivamente u