La música todavía vibraba en las paredes de la villa cuando la puerta de la suite principal se cerró, dejando atrás el eco de la salsa y las carcajadas del salón. Eran las tres de la mañana. Nick no encendió las luces; la claridad de la luna reflejada en la nieve exterior entraba por los ventanales, bañando la habitación en un tono plateado que hacía resaltar la piel de Isabella.
No esperó a llegar a la cama. Acorraló a Isabella contra la madera de la puerta, rodeando su cintura con una urgenci