Las puertas de acero de la Cámara Cero se abrieron con un chirrido hidráulico que sonó a derrota. Carter y Arthur salieron a la luz del pasillo, pálidos, con los ojos entrecerrados por la claridad e inyectados en una mezcla de cansancio y una furia contenida que amenazaba con desbordarse. No preguntaron por qué los liberaban; sabían que, si Scott Walton daba marcha atrás, era porque el mundo afuera se estaba cayendo a pedazos.
Caminaron directamente hacia el despacho del Director. No se detuvie