El día amaneció envuelto en un manto gris plomizo, como si el cielo mismo presintiera la tormenta que se avecinaba. Nick ya estaba despierto, de pie frente a la ventana del apartamento con el teléfono en la mano, cuando llegó el mensaje de Giuseppe. La pantalla iluminó su rostro con un brillo frío.
Giuseppe: “Santoro y Vittoria. Cargamento grande de armas y mercancía. Muelles viejos, almacén 7B. Hoy, al atardecer. Es el momento de atacar por sorpresa.”
Nick respiró hondo. Respondió con rapidez: “Carter, Arthur y yo estaremos allí.”
La respuesta de Giuseppe fue casi inmediata: “Prefiero que ustedes tres se queden en la mansión con Isabella y Alessandra. Las protegerán si algo sale mal.”
Los dedos de Nick volaron sobre la pantalla: “Negativo. Necesito asegurarme personalmente de que esos hombres salgan del juego. Iré por Isabella y la llevaré a la mansión. Allí decidiremos.”
Un momento de pausa. Luego: “Te espero en media hora. Ya estoy coordinando el operativo.”
Nick dejó el teléfono s