El día amaneció envuelto en un manto gris plomizo, como si el cielo mismo presintiera la tormenta que se avecinaba. Nick ya estaba despierto, de pie frente a la ventana del apartamento con el teléfono en la mano, cuando llegó el mensaje de Giuseppe. La pantalla iluminó su rostro con un brillo frío.
Giuseppe: “Santoro y Vittoria. Cargamento grande de armas y mercancía. Muelles viejos, almacén 7B. Hoy, al atardecer. Es el momento de atacar por sorpresa.”
Nick respiró hondo. Respondió con rapidez: