La mañana siguiente llegó envuelta en una tensión sutil. El «Protocolo Sombra», como Carter lo llamaba con su típica sequedad operativa, se puso en marcha al amanecer. Arthur, vestido con ropa de civil pero con la postura alerta de un soldado, acompañó a Isabella a la universidad en un vehículo diferente al habitual, una SUV discreta de color gris. Nick los observó desde la ventana, el rostro una máscara de concentración, hasta que el auto desapareció en el tráfico matututino.
—No puedes controlarlo todo desde aquí —dijo Carter, apareciendo a su lado con dos tazas: una de café y otra con té—. Arthur es el mejor en cobertura discreta. Ella está más segura con él que con una caravana blindada.
Nick asintió, aceptando la taza. El olor a café le recordó, por un instante, las náuseas de semanas atrás, pero ahora solo era un olor amargo y familiar. No había espacio para malestares.
—¿Y las rutas?
—Cambiadas y aleatorizadas. Hoy entran por el acceso sur; mañana podrían usar el subterráneo. N