Los días avanzaban con una ferocidad tranquila, cada uno marcado por una nueva normalidad. La vida continuaba con sus rutinas, pero ahora existía un centro de gravedad indiscutible: Isabella. Un cuidado especial, tierno y vigilante, orbitaba a su alrededor. Nick había afinado sus sentidos como un radar; percibía su cansancio antes de que ella lo expresara, anticipaba sus antojos y su presencia era un muro constante y tranquilizador.
El primer control médico tras el susto fue en una clínica priv