El tercer día en Miami amaneció con un cielo tan despejado que parecía pintado. Nick e Isabella desayunaron frutas tropicales en la terraza, con sus pies descalzos entrelazados bajo la mesa como de costumbre mientras conversaban.
—He estado pensando —dijo Nick de pronto, dejando su taza de café—. Sobre lo que dijo tu padre. Sobre prepararnos.
Isabella lo miró, una sombra pasando por sus ojos. — ¿A qué te refieres?
—A que no podemos seguir así, Bella —respondió él, su voz suave pero firme—. Vivimos en un mundo donde la gente quiere hacernos daño. Myers no será el último. Sasha está libre. Vittoria sigue ahí. Tu madre…
—No es mi madre, dejo de ser mi madre cuando nos traiciono —cortó Isabella, su voz fría.
—Sofía, entonces —corrigió Nick—. El punto es que eres un objetivo. Y yo… soy lo que te pone en la mira. —Hizo una pausa, buscando las palabras—. He pasado años entrenando para protegerme, para proteger a otros. Pero tú…
— ¿Yo qué? —preguntó Isabella, levantando la barbilla—. ¿Soy la