Tres días habían pasado desde que Nick fue rescatado del galpón de Myers. Tres días que, en el apartamento de Manhattan, habían adquirido una textura diferente al tiempo normal. Eran días de té de manzanilla a las cuatro de la tarde, de silencios que no pesaban, de noches donde las pesadillas iban cediendo terreno, centímetro a centímetro, al sueño reparador.
Isabella observaba a Nick desde la cocina, mientras él intentaba atarse los cordones de sus zapatillas sin doblar demasiado el torso. Un