La mañana llegó con un amanecer gris y frío. Nick despertó antes que la alarma, encontrando a Isabella ya despierta a su lado, observándolo.
— ¿Cuánto tiempo llevas así? —preguntó él, su voz ronca por el sueño.
—Un rato —admitió ella—. Quería memorizar tu cara así, tranquila, antes de que tengas que ponerte la armadura.
Él le acarició la mejilla. —No es una armadura. Es solo un traje.
—Lo sé —dijo ella.
Se levantaron y comenzaron la meticulosa rutina de preparación. Nick se duchó con cuidado, evitando las zonas aún sensibles. Isabella busco su traje negro, conservador pero elegante y preparó su camisa. Mientras él se vestía, ella observó cómo los moretones en su torso iban quedando ocultos bajo la tela blanca inmaculada, cómo las vendas en sus nudillos desaparecían bajo los puños perfectamente ajustados.
— ¿Corbata o no? —preguntó Nick, sosteniendo dos opciones.
—La azul —decidió Isabella—. Combina con tus ojos.
Cuando estuvo completamente vestido, Nick se paró frente al espejo del ve