Darius salió de la Cámara Cero con el mismo paso rápido y decidido. No fue a su oficina. Fue directamente al núcleo de operaciones, donde los analistas trabajaban en sus pantallas. Su mirada escudriñó cada rincón. Nada. Corrió hacia el laboratorio de psicología, el dominio de Sasha. La puerta estaba entreabierta. La empujó.
El cubículo estaba ordenado, anormalmente ordenado. Sin una sola foto personal, sin papeles en el escritorio. Los cajones, al abrirlos, estaban vacíos. El aire olía a desinfectante, no a su perfume habitual.
—Mierda —masculló Darius entre dientes.
Volvió a los pasillos, deteniendo a agentes al azar. — ¿Han visto a la Agente Elroy?
Cabezas que negaban. Miradas de desconcierto.
Finalmente, encontró a Samuel, revisando informes en una terminal cerca de los ascensores.
—Samuel —lo llamó Darius, su voz tensa como un cable—. ¿Dónde está Sasha Elroy?
Samuel, un hombre de mediana edad con gafas y aire cansado, levantó la vista. —Capitán Coleman. La Agente Elroy… se fue hac